Hace cosa de dos semanas me renové el carnet de conducir. Tenia que ir a Arturo Soria como el resto de los mortales madrileños, pero me enteré que ahora también lo hacen en Alcorcón, un lujo por cierto, en cosa de 30 minutos todos los tramites realizados.
El caso es que aparqué el coche relativamente cerca, pero tuve que andar el tiempo justo para ver todos los portales de todos los edificios que rodean la agencia de tráfico. Grandes torres de unas cinco o seis plantas, unas pegadas a otras. La verdad que la zona tenia verde alrededor.
Cuando pasaba por delante de cada portal, viendo el chorro de teclas para cada telefonillo, pensaba – La cantidad de gente que vivirá aquí, todos tan diferentes, con sus cositas buenas y malas. Entonces se abria el portal y salia una señora que iba con un carro de la compra, o salia un hombre mayor con una bolsa de plástico. En otros portales, delante de la puerta estaban tres señoras hablando de sus cosas. En otro habia una mujer con un carrito y un bebe, la rodeaban otras tantas preguntando cosas.
Me sentia un transehunte mas, un desconocido, un atomo, una particula que lleva el viento entre cosas que ni se fijan en mi. En realidad era todo eso y me gustaba. Podia observar desde fuera, desde otro prisma esa gran urbe llena de personas, de vidas.
Me gusta eso, pero claro luego lo veo todo muy masificado, de nuevo habrá que buscar el punto medio ¿no? Un lugar lleno de vida y de vidas, pero las justas, que dificil.