Se acerca Patricia, una de las compañeras de trabajo que lleva menos tiempo y me pregunta casi confidencialmente por el procedimiento a seguir después de la incidencia. Antes de seguir, decir de Patri que es doctora en biología y se ha incorporado a la informática en una beca, al principio cobrando una miseria (aprovechándose algunos de su cambio de sector y de la seguridad que da el no depender de la ayuda del estado para investigación) y que en un futuro próximo se incorporará al cliente, la verdad es que la tía es una máquina; se ha puesto al día muy rápido y despacha que da gusto.

El caso es que le cuento como debería hacerlo, resumiendo teníamos que formatear unas 59400 cintas virtuales, y no 60000 que era todo el rango que habíamos definido, porque claro 600 entre 60000 apenas se nota, en una lista de todos los volúmenes apenas se ve que algunos no estén, así que se formateó todo el rango, incluidos los 600 que tenían datos de producción. Según analizamos la situación y los pasos que había seguido, dimos con ello, y pude ir notando como se le apelmazaba el estómago, cómo le invadía el sentimiento de culpabilidad y vergüenza. Es jodido, todos hemos pasado por ello. Lo primero intentar aislar la situación y ver si hay forma de recuperación. Jose nos comenta un método que puede funcionar en estos casos, que le suena haberlo hecho en otro cliente, sin más dilación nos ponemos a ello. Mientras tanto, ¿para qué informar a los grandes gestores si al final puede que recuperemos la información?. Mientras tanto, conversaciones con Patricia. “Tranquila, que a todos nos ha pasado alguna vez, es lo más normal”, “demasiado poco nos pasa, con la cantidad de datos que movemos aquí”, “seguramente esa información ni la necesiten”, “si les hemos hecho un favor, no lo van a echar en falta”. A la vez, vamos comprobando que tipo de información es y que duración se la había dado, originalmente caducaba en dos meses y eran backups de bbdd, lo que en caso de pérdida total se podría volver a generar. Patri va respirando, aunque la ansiedad le llena y el desánimo se presenta “vaya día llevo hoy, mejor no haberme levantado”, “es que no me gusta equivocarme” (¡y a quién sí!). Según avanza el procedimiento de Jose, vamos viendo la luz, se puede recuperar la información, hay que proteger las cintas para que no se machaquen los “huecos” que ha dejado el proceso de Patricia y empezar a auditar una tras otra. Unas 6 horas más tarde de haberlo descubierto, aquí no ha pasado nada, nadie se ha enterado, la información sigue en su sitio y todos respiramos más tranquilos, ha sido un momento de adrenalina importante y ahora seguimos con nuestras tareas.

Patricia espero que haya aprendido varias cosas; que todos, por mucha experiencia que tengamos, nos podemos equivocar, que hay que mantener la calma y no desanimarse, que hay que llevar la cabeza alzada y apechugar, tener paciencia y hacer todo lo que esté en nuestra mano, pero sobretodo que somos personas y nos tenemos que apoyar.

Esta mañana, hablando con un compañero de trabajo sobre una oferta laboral y de los pocos técnicos de sistemas mainframe que somos, se me ha quedado esta frase grabada: “Tenemos el conocimiento, tenemos el poder… ¡nos van a comer la polla!”. Es un lema de una situación posible y hasta el momento ficticia, pero nada descabellada; contando a bote pronto, en Madrid salen 200 técnicos trabajando como sub-contratados de filiales de partners, de contactos de sub de subs (sin contar chanchullos), y por un momento, nos hemos imaginado trabajando al mismo nivel, de manera sincera, bajo las mismas pautas, sin nadie que intermedíe con nuestro trabajo final, presionando al mercado y afirmando nuestra posición, una autogestión que nos lleve a tener el jodido poder del sistema negro en Madrid, España, Europa o más allá. Todo el trabajo se hace para el beneficiario final y toda la recompensa es para los que lo trabajan.

Y relacionado con esto, no me meto con el tema del campo, que me toca la fibra sensible. Está claro, que el buen funcionamiento de proyectos autogestionados, demuestra que en lo normalmente aceptado algo no está funcionando bien. Alguien se está llevando algo que no se merece, o está imponiendo aquello que no debe; todos somos iguales, participamos, aportamos y decidimos. A las barricadas.