Me encantan los comics.

Dando una vuelta por la biblioteca me encontré con “La bicicleta roja” de Kim Dong-Hwa, no lo conocía y ni que decir tiene que me llamó la atención por mi afición a la bicicleta. Pero una vez leído, después de los momentos de paz y sonrisa que me ha dado su lectura, quería compartir este descubrimiento. Quizá me lo compre, y seguramente intente hacerme con el resto de capítulos (la colección se compone de 4 libros).

Imagen del cómic La bicicleta roja (1 de 4)

Imagen del cómic "La bicicleta roja"

El título es el mensaje de una camiseta de un escaparate en el barrio de Malasaña.

El domingo pasado intentaba adentrarme en Madrid, concretamente iba a la calle Salitre, desde Loeches con el coche, después de varias carreteras llego a Atocha, bajo por la Ronda de Atocha, por Argumosa no me puedo meter que quizá me multen, por la calle de Valencia tampoco, el tráfico está restringido a emergencias y residentes, sigo por Embajadores a la derecha no puedo, sigo para delante, me voy acercando a la Puerta de Toledo, y luego la calle Toledo, por el camino me voy fijando en las señales que me prohiben la entrada al barrio dónde quiero ir, la verdad es que no me da tiempo a ver mucho más. Parece que el barrio está sitiado y con el coche ni de coña entro. Metro La Latina, calle la colegiata, la magdalena, oh no, me estoy dejando de nuevo la calle Salitre a un lado y no puedo acercarme si quiera, tampoco puedo aparcar porque no hay sitio, no me lo puedo creer, estoy en Atocha de nuevo. Al final desisto y me voy del lugar, en otra ocasión será.

Hoy mismo, cojo la bici desde Carpetana, carril bici y calzada normal hasta el puente de Segovia, Virgen del Puerto, Principe Pío, subo por la cuesta de San Vicente adelantando coches, compartiendo la carretera, atravieso Bailén, la Gran Vía y llego a Malasaña. Como voy con tiempo me doy una vuelta por el barrio, que a decir verdad no lo conozco muy bien. Es una zona restringida al tráfico pero que me pillen la matrícula de la bici si quieren, que multitud de tiendas, que cantidad de detalles observo a mi lento paso, voy disfrutando de las calles, del ambiente y de la gente. Al pasar por una tienda veo una camiseta de “Pijus Magnificus“, ato la bici a un árbol y la compro para regalar o para mí, sigo avanzando entre prostitutas, peatones, y algún que otro coche… como me entra hambre, dejo la bici al lado de un árbol y paso a la tienda de ultramarinos de toda la vida, dónde me compro un Aquarius y una empanada de carne, recomendada por el entrañable comerciante. Nos damos las gracias, me lo como y ahora sí, me encamino a mi destino. Cuanta tienda, cuanto comercio chulo y buen rollo se respira en este barrio, pero desde la bici (o andando) más.

Cuestión de movilidad

Y vosotros… ¿sois más de agua oxigenada o de alcohol sanitario?. Yo era más de agua oxigenada, aunque alguna que otra vez me dí al alcohol. Hoy, al final, no me he echado de ninguno de los dos, aunque he llegado a la puerta de casa con un sabor a sangre en los labios y sudor por muchas partes del cuerpo.

Hice nuevos amigos, que componen el tercer grupo diferente que ha cruzado conmigo en la bici por la rotonda de Atocha. Confían muy rápido en mi corta experiencia, aunque más que nada confían en que somos vehículos y tráfico y como tal se nos debe respetar. La pijilla de la bici retro no ha ajustado ni los frenos, pero eso si, su bici es muy cool, tampoco ha ajustado el cambio, pero ya está pensando en poner un faro con forma de pera medio rústico, intento no perderme su conversación con un señor mayor y práctico, al que le está explicando los secretos del diseño de su bici y le responde “lo importante es que vayas cómoda y que sea de buen material”. Samba y masa crítica van unidos, casi comprobado. El otro señor, que lleva a su niña emperifollada del todo sobre su bici, le pide unas fotos a otro ciclista porque puede que no venga más veces y se quiere llevar un recuerdo de la experiencia, “¿me las puedes enviar a mi correo?”. Y Eugenio sin venir, no le he visto yo con muchas ganas y con este tiempo… En un corte que hacemos en Moncloa me encuentro con una presentadora de telediario, que está menos simpática que en las noticias, y dialogo tranquilamente con ella, aunque ella no lo estaba tanto. Nos dice: “estáis montando una de flipar, no podéis cortar estas calles”. “Hola, es por nuestra seguridad”. “Por vuestra seguridad, pues se está montando una tremenda en la A-6″. “No creo que sea muy diferente a la que se monta habitualmente cuando hay atasco de coches, sin bicis”. Sin decir más o maldiciendo, se va de nuevo al coche. Más adelante, algún conductor insulta, otros pegan acelerones amenazadores, lo de siempre… Me quedo con la frase, bicicleta en alto, de: “este palacio algún día será nuestro!!” en la plaza de oriente, dónde ha acabado la ruta de hoy. Ha sido un camino lleno de ilusión, pues colaboré activamente en su trazado, que se ha seguido más o menos y creo que ha gustado, aunque no tuvimos en cuenta la cantidad de semáforos que hay por la Gran Vía y Princesa.

Luego a grito de: “Todos al Malaya, que se calienta la cerveza y se enfrían las lentejas” han ido partiendo poco a poco a la inauguración del nuevo taller. Yo me he desmarcado y a casa, cuando empezaban a caer las primeras gotas, y ya dicen en el manual de autoescuela que son las más peligrosas, de siempre. El caso es que bajando por la cuesta de la Vega, con el suelo resbaladizo y a muy poca velocidad, al tomar una de las curvas de izquierda, he frenado demasiado con el de alante y he notado como la bici se cruzaba, la rueda delantera ha perdido contacto con el suelo hasta un total de tres veces (parecía una cámara superlenta de la fórmula 1) y luego se ha tumbado, a la que he seguido pecho al asfalto apoyándome en manos, codo y rodilla izquierdos. El asfalto que me ha dejado marcadas las palmas, todo rasguños, nada grave de momento. La peor parte la mano izquierda, pero parece que sólo es rozadura. En cuanto me he caído, dos chicas que subían andando, que lo han visto en tribuna y todavía se estarán riendo, han recogido partes de mi faro delantero y me han preguntado si estaba bien, a lo que he respondido con una sonrisa que “algún día me tenía que pasar, si es que no se puede”, quien sabe por qué he respondido eso, pero luego las he dado las gracias, he enderezado la bici, guardado los restos en la mochila y para abajo, ya más suave. Otro coche con varios ocupantes también ha parado y me ha preguntado, se lo he agradecido y les he dado paso.

Hacía muchos años que no me caía en bici y es mi primera caída urbana, mierda no sé por qué me he sentido / ha sentado bien, es como aquello que dicen que forja el carácter y lo aceptas o te gusta, no sé.

http://www.presentadoras.tv/telemadrid/btormo/btormo.html