Que recuerdos la epoca universitaria. Creo que voy a estudiar alguna otra carrera, bueno en realidad varias mas: Medicina, biologia y alguna otra ingenieria estaria bien.

Pero necesito matricularme con OI por varios motivos:

Para volvernos juntos al metro hablando de tonterias o de cosas muy serias, comentando las pitukis universitarias que nos vamos cruzando. Para hacer historias de los profesores o los alumnos en mitad de las clases. Para hacer una fiesta universitaria como SanBlaster/SanBlador (nunca supe con que nombre nos quedamos). Para encontrarnos profesores como Eva, Silvia, Lanchares, Pedrito… Para tener compañeros como los de Informatica.

Pero uno de los motivos mas importantes por los que necesito que se matricule OI es para que me ayude con las nuevas carreras como me ayudó con las anteriores. Yo creo que nunca lo habia dicho, pero los dos lo sabemos: practicas conjuntas, apuntes que me pasaba (porque casi siempre iba a las clases), tardes de estudio en las bibliotecas en las que OI me explicaba todo lo que yo no entendia y yo a cambio hacia moscas-cometa. Laboratorios imposibles en los que haciendo trampas sacabamos nueves. Sin olvidar los examenes casi conjuntos, bueno yo me copiaba y a cruzar los dedos.

Que sirva este post para dar las gracias si no lo habia hecho antes y para proponer que todo siga igual, o mejor.
Hay que ir pensando en matricularse de varias carreras ¿eh?

que pena lo de ir envejeciendo.

A mi tía Petra, hermana de mi abuela, le acaban de poner una rodilla robocop, y ya es la segunda que le ponen, la otra se la pusieron en la derecha, esta señora ahí sentada con su pelo blanco es la misma que de pequeña, mi abuela tiró de la cama, haciéndose daño en el tobillo, a lo que le respondió “como no pueda ir esta noche al baile, te mato”, la misma a la que le dijo su padre “la primera de las dos que llegue a aquel árbol se monta en el burro de regreso a casa” y mientras ella corría, entonces no tenía rodillas de metal, mi abuela se subió en el borrico y no se bajó hasta llegar.

Mi tía Petra está desanimada y los comentarios de mi tío Jesús, marido de Carmen, otra de las hermanas de mi abuela, tampoco le ayudan mucho “tendríamos que acabar ya todos, no les va a llegar la pensión a los jóvenes”. Coge su andador y se da un paseo por el pasillo del hospital. Antes de esto, he estado hablando con su hijo, trabaja en un conocido banco y se queja de que les han cambiado la aplicación que manejan, han pasado de las anticuadas pero útiles pantallas 3270 a interfaces java demasiado modernos, con pesimismo a todo cuesta acostumbrarse. Me da a entender que aquello que veíamos en ingeniería del software sobre la toma de requisitos y hacer aplicaciones que realmente cumplan los deseos del usuario no se aplica siempre, ¡ay! gran antonio navarro y su metodología.

Al llegar a casa, hablo con Sergio, mi gran amigo de siempre y me cuenta que se ha muerto su abuela, estaba bastante enferma desde hacía ya tiempo, alzheimer y parálisis se juntaron con otras penas y acabó la pobre mujer después de 3 días de largo final. Hasta ayer que le llamé, no ha sido capaz de decírmelo, se disculpa por ello y le intento hacer ver que no tiene por qué hacerlo, son momentos duros para los que no estamos preparados y entiendo cualquier acción que haya podido tomar, en el fondo somos tan parecidos. Es increible la naturalidad con la que podemos hablar, aunque haya pasado 1 año desde la última vez que hablemos, que se ha dado el caso y espero que no se repita nunca más.

Una historia que me pasó hace ya unos cuantos domingos, a mediados de Noviembre.

Con decir que el momento más tranquilo del día fue cuando llegué al trabajo, a eso de las 15:45, con 6 horas de intervención por delante… lo digo todo

Se trata de carreras populares, concretamente la de Canillejas, a la que he asistido por segundo año consecutivo. El caso es que la logística que acompaña a este tipo de eventos es casi tan importante como la misma carrera: cómo llegar, dónde dejar las cosas, cuando y cómo recogerlas…

Esta vez se apuntaron unos cuantos amigos: Juan, los hermanos Paqui y Juanan y mi compañero de trabajo Roberto, el vallecano afincado en San Fernando de Henares. Allí mismo es dónde dejé mi coche y cogí el metro, rechazando la invitación de Roberto de ir juntos hasta la salida en su coche, ya que había previamente quedado con Juan. En la misma salida, nos encontramos todos y esta vez sí, Roberto y yo quedamos para volver juntos en el coche de su amiga, esto me iba a facilitar bastante el día, porque antes de saber esto, se planteaba bastante ajustado de tiempo: la carrera empezaba a las 11:30, y el trabajo en Tres Cantos a las 15:00, en correr tardo 1 hora, recoger la ropa 30 minutos, 45 minutos en metro hasta San Fernando, de San Fernando a casa en coche unos 15 mins, 15 minutos de ducha/arreglarme, y por último de casa al trabajo 40 mins,… y me sobraban 5 minutos, vamos, sobrao, jeje. Con el nuevo planteamiento de transporte robertil, me ahorraba casi 1 hora, que podría utilizar en, básicamente, ir más desahogao en todo lo anterior.

Ahora, la cruda realidad: Como vamos a volver juntos, dejo la mochila con TODAS mis pertenencias en su coche, “total, vamos a estar toda la carrera juntos”. Roberto y su amiga hablan del lugar de quedada una vez acabada la carrera, pero no presto atención al detalle, con que uno de los dos lo sepa, basta (esto es como lo de comer o dormir en una pareja de novios). Calentamos y presento a los amigos entre ellos. La carrera empieza con ansias, ansias de los que se ponen por delante de la salida y hacen que se retrase la prueba, “no sé vosotros, pero a mí el tiempo especialmente no me sobra, ¡estoy perdiendo mis minutos de margen!”.

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