Indignado el padre de familia, nos cuenta como en un examen de matemáticas a su hijo le han puesto un 5, pero tenía un 8, el profesor ha formado grupos y compensado la nota entre los alumnos que los forman, a él le ha bajado pero, este hecho, a un compañero suyo le ha hecho aprobar. Nos dice “no es justo”, repite, “Si se merece un 8, que le pongan el 8″ y “si el otro no ha estudiado lo suficiente, que lo hubiera hecho”, “así lo que van a conseguir es desmotivarle”, “debe estar destrozado”, y “encima el profesor me dice que debería estar contento porque gracias a él, ha aprobado su compañero”. El chaval tiene 13 años y seguramente esa nota no sea la final de la asignatura, más bien será utilizada para extender la motivación y el compañerismo entre los alumnos, pero el padre dándole tanta importancia quizá lo que se esté consiguiendo realmente es desmotivar al chico, justo de lo que acusaba al profesor. Y yo me pregunto ¿qué valores estamos inculcando a las nuevas generaciones?, está claro que si te mereces algo, lo justo es que lo recibas, pero… ¿que hay de esos principios básicos?, ¿qué clase de sociedad competitiva se está formando?, ¿dónde nos lleva esa competitividad e individualismo?.

Comprobaremos los resultados muy pronto.

 

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