Hoy ha sido uno de esos dias, que me parecen muy distintos. Por eso me apetecia contaroslo, porque he visto cosas que ya sabia que estaban ahí pero nunca habia participado en ellas para darme cuenta de como son en verdad.

Nos hemos ido a media mañana a una de las tierras del padre de Marta, un olivar, cercano a un viñedo. Llevabamos todos los ingredientes necesarios para preparar una buena paella.
Es tiempo de vendimia, la recolección del preciado fruto de las vides de los viñedos, para luego hacer vinito rico.

El fuego estaba listo a las 14:00, una buena hoguera de sarmientos de otros años, en mitad de un viñedo, sobre la meseta de Castilla. La paella en mi boca a las 15:00.

Lo de reposar la comida en el campo, en tiempo de vendimia, debe ser una utopia. Los encargados de recolectar este año el viñedo ya estan preparados, llegan con el tractor y un gran remolque, una niña, un perro, la abuela y el abuelo… navajas, sombreros, podadoras y espuertas para guardar la uva. ¡¡¡No falta un perejil¡¡¡
Comenzamos a trabajar, el cuerpo encorvado, las manos sobre las cepas, los ojos buscando racimos, los filos cortando y en la cabeza…… NADA…  A diferencia de otros trabajos, en el campo, se siente una libertad mental bastante interesante (al menos a mi me pasa). Simplemente estaba ahí haciendo una tarea rutinaria, pero en cada cepa distinta, esfuerzo físico… Me ha gustado mucho, como dice Marta, parece que la mente no trabaje, el cuerpo a saco, pero la cabeza se ve como relajada, deja al cuerpo hacer. En mi curro diario parece al contrario… sentado sobre mi silla, frente al PC, mi mente es la que curra. Demasiado.

Finalmente, a las 18:00 teniamos todo el remolque cargado, unas dos toneladas de uva… que bonitas verlas brillar con el sol, entre las hojas de parra. Los viejecillos se retiran y el hombre joven, conduce el tractor hasta la cooperativa. La tarde cae, los colores se van saturando, contrastando los relieves.
Vemos un atasco de tractores a la entrada de la cooperativa, todo tipo de marcas de máquinas y edades de hombres conduciéndolos. Gana uno con 82, el cual vendimia solo sus tierras, carga la uva, la descarga y la cobra…
El sistema es facil y rapido. Hay un gran agujero de aluminio en el suelo en forma de embudo, al final dos tornilos sin fin gigantescos, que llevan toda la uva hacia dos agujeros. Tras estos una máquina se encarga de separar las pelotitas de las uvitas de lo que llaman esqueleto: que es el resto de palitos que las une al racimo. No me podia creer que consiguiese separar 5 toneladas por cada 5 minutos, a tonelada por minuto de uva separada perfectamente… “La maquina” soltaba los esqueletos de los racimos por una cinta trasportadora y los amontonaba lejos. Me fuí para ver como los dejaba y todo estaba intacto, ni un rasguño para que no se mezclase el acido de la sabia con el dulce de la uva.

La cooperativa con su atasco de tractores y sus toneladas de uva por minuto me gustó mucho… pero aun quedaba lo mejor.
Ya de vuelta, en Ciruelos, un pueblo cercano, nos dijo el padre de Marta que estaban haciendo el mosto de la forma tradicional, como hace 50 años, o mas.
Un tractor con su remolque cargado de uva se para frente a una fachada. Abren una ventanita de la fachada a la altura del remolque y un hombre se  pone a lanzar las uvas dentro con una pala. Al otro lado, dentro de la casa, un motor mueve dos muelas gigantes que machacan todo, uva, esqueleto, hojas, huesos… la pulpa cae al suelo y otro hombre la amontona dentro de un barril de madera pero con rajas a los lados. Sobre el barril hay un gran elemento de acero que va bajando poco a poco con un sistema de engranajes de antes de la guerra, movido por un motor, también de antes de la guerra, el cual no se ha jodido nunca me dicen. Uno de esos motores trifasicos, que deben tener un rendimiento cero de energia, pero que como no se ha roto nunca, vale mas que esos que duran 5 años y da gracias.
Total que la prensa baja, exprime el zumo y se llena toooodo el suelo de mosto. El mosto arrastra arenilla, polvo, suciedad, ellos pisan con sus botas el mosto, yo con mis zapatos y todo va por el suelo hasta un agujero, cae a un pozo y ahí espera.
Marta flipaba y le dice a otro hombre, pero se ensucia no?? Y le dice, anda… antaño meabamos si era necesario y otras cosas….
Luego con otra bomba, de esas de pistones, sacan el mosto del pozo y lo suben a las cubas. Una bodega muy bonita llena de cubas de barro y maderas, donde el hombre puso la mangera y comenzó a subir el mosto.
¡¡¡Un puto olor, según entraba el mosto¡¡¡
Salia el humo del azufre que estaban quemando dentro de las tinajas para desinfectarlo todo. Y ya ves que si lo mata todo. Porque el humo del azufre, sulfuros y anhidridos, se junta con el aguilla de los ojos y de la nariz, boca y garganta para hace H2S04… acido sulfurico, que picaba a morir. Ahí estaba el hombre, con la cabeza sobre el humito. Decia que si le dolia mucho, se fumaba un cigarro…. ole ole y ole. Decia que ese olor limpiaba los pulmones, porque “te saca los bronquios y todo lo demás pa fuera” ole y ole, desde luego que desinfecta si.
Este sistema de hacer el vino es lento y dificil.

Finalmente, pedimos una botellita de vino de la cosecha anterior, porque yo no podia dejar de tener el fruto de tanto esfuerzo. Como dice el padre de Marta, esta maquinaria funciona con sangre, no como la de la cooperativa. Aquí el vino se hace con sangre, que razón tiene y que diferencia con la cooperativa. Que olor, me gustó mucho, al final te acostumbras al azufre eh??
También bebimos mosto recien exprimido, de lo que chorreaba por el suelo y luego acababa en el caño del pozo… pusimos un basito y bebimos, estaba riquisimo y el mismo suelo es el encargado de filtrar pulpa y pipos. Arrastrando mierdas varias, ya se encargará nuestro estomago de defenderse y la fermentación de hacer noble ese mosto.

Menudo dia llevabamos, cuantas cosas tan distintas. Me dolia el cuerpo y eso que no habia hecho tanto como los que de verdad hacen la vendimia. Todo el dia en el campo, para terminar en la bodega, con el azufre, el ruido de las máquinas y el mosto.
Me dolia el cuerpo, pero la cabeza estaba muuuu despejadita, abierta de par en par. Le dije a Marta, que normalmente, en mi jornada de trabajo, si me duele algo es la cabeza y mucho, tensión mental, pero no el cuerpo. Que distinto verdad? Esto ya lo he dicho antes no?

Luego ya de noche, estaba esperando a Marta en el coche, frente a la farmacia de Ciruelos. Cerca del coche, en la plaza del pueblo está el teléfono público del pueblo. Se acercó un hombre y llamó a su pais, se escuchaba perfectamente:
“Hola mi amol, como va todo? estais bien?… venga ponme con Jonatan… Hola mi amol? Que tal? Como está mami?… venga ponme con Adela… Hooola prima, como esta mami? Que tal el marido? Y los hijos?… va pasame con mi mujel… Hola cariño… si hoy hemos terminado antes y ya estoy en el pueblo… si el lunes lo ingreso… cuidaros mucho, os llamo mañana… besos mi amol, te quiero”

No se me olvida ni una frase de esa llamada tan frenética de ese hombre a su pais, a miles de kilometros, tras su jornada de vendimia en un pueblo de Castilla.

Puerca Tierra, se llama un libro de John Berger que me regaló Santi… habla de las dificultades del campo, lo que nos da de comer. También recomiendo King una historia de la calle, del mismo autor.