Esta mañana fui al Mercadona para comprar ingredientes y preparar la comida. En la puerta unos chicos me han pedido un kilo de cualquier producto no perecedero y yo he comprado un paquete de garbanzos y otro de arroz. Frente a ellos estaba vendiendo la farola el mismo negrito que suele estar siempre, el también se ha llevado un poquito.
Luego me he ido a dar una vuelta por la calle peatonal de Majadahonda, la Gran Via, la calle de los bancos, o de las ópticas, o de las perfumerías… en general una calle de pasta y consumo. Estaba llena de gente aunque hacia un frío que pelaba, típico día de invierno soleado en Madrid, pero con un único grado de temperatura asomando tímidamente.
Como tímidamente estaba arrodillado, mirando al suelo, un hombre frente a un establecimiento cerrado. Detrás tenia una gran manta blanca pintada con un texto que venia a decir que lo estaba pasando muy mal, que tenían hambre y que no se lo deseaba a nadie, que necesitaban algo y lo mejor era una barra de pan, que no pedía mas.
Es posible que todos tengamos días mas sensibles, en especial a comienzos de estas fechas tan señaladas. Sea lo que fuere hoy ha sido un día solidario, por las fechas, o porque me ha llegado hondo al corazón, o ¿Por que buscarle explicación? es que no la tiene, es que no podemos acostumbrarnos a ver eso, es que nadie debería estar tan mal, frente a otros que lo tienen todo, que por tener, tienen demasiado.
Me he puesto a pensar donde podía haber un establecimiento de comida. Me he recorrido varias calles en busca de comida, en ese tiempo he podido pensar y ahora es el momento de plasmarlo, de admitirlo.
Uno piensa a donde va su dinero cuando se lo da a una persona que pide: será para droga, alcohol. Que es posible que esta persona le guste mucho tocarse las narices y no hacer nada y por eso se encuentra como se encuentra. También he pensado que me daba cosa que me viese toda la gente que estaba por la calle dandole la comida, ¿Por que? pues por lo mismo, porque esas personas pensarían lo mismo que yo pensé hacia un segundo… que no tendría trabajo porque no querría, que a saber donde ira ese dinero… Vivimos donde vivimos, hemos aprendido lo que hemos aprendido, pensamos como pensamos, nos ayudamos lo que nos ayudamos…. mas bien nada. Entonces me ha venido a la mente una única frase, pero de esas que sentencian: “No juzgues y no serás juzgado”.
Bajo ese lema sentía mas fuerza, mas firmeza, mi objetivo: encontrar comida por encima de todo lo demás, de todos los demás, por encima de mis propios pensamientos forjados en este primer Mundo. Por 1€ me han dado dos kilos de mandarinas en un puesto del mercadillo. Por 1€ pude comprar una barra de pan en un bar cualquiera, estaba calentita recién salida del horno.
De vuelta, el seguía con la misma postura, arrodillado, mirando al suelo frente a su bandera, el texto que delataba su estado. Frente a el, me di cuenta de que esta persona, lo primero que ve llegar, son mis zapatos. Que sensación, tener debajo una persona arrodillada ante ti, ante todos, ante la vida…
Me agacho y le pregunto si quiere pan. Levanta un poco la cabeza, algo mas los ojos y me dice – si gracias, gracias señor – y con las dos manos cogió la barra de pan. Seguidamente le pregunté si también quería las mandarinas, de nuevo subió su mirada del suelo a mi cara, yo quería que mis ojos se cruzasen con los suyos y así fue mientras decía – si si, también las quiero – de nuevo – gracias señor, gracias – y su mirada al suelo mientras colocaba las bolsas tras de si.
Con un – de nada – me levanté y me fui alejando.
No le pregunté de donde era, parecía marroquí, me interesaba, ¿por que no le pregunté?
No le pregunté por su trabajo y su situación aunque me interesaba, ¿por que no le pregunté?
No le pregunté por su familia, ¿por que no le pregunté?
Porque no nos preguntamos por nada, no nos conocemos de nada, ensimismados están todos, lo estoy yo.
Alejandome por la calle peatonal llena de gente con compras, me giré para verle. Se estaba poniendo de pie, se echaba las manos a la cabeza y me buscaba entre la gente. ¿Por que? Tampoco lo se, quizá ya había pasado frío suficiente y tenia comida y vitamina C fresca para llevar corriendo a su familia. No puedo negarlo, sentí algo de desconfianza, ¿de verdad esa comida llegaría a buen lugar? ¿la revendería? De nuevo dudas, prejuicios y la frase “No juzgues y no serás juzgado”. Cara al frente y seguí mi camino.
Siento haber sido meticuloso con los detalles de esta historia, pero quiero que entre como la fría cuchilla que corría hoy por la calle rajando y cortando la vida de todo el que andaba por detrás de los demás, sin nada.
No puedo negar la rabia que sentía, que siento, la tristeza mezclada con alegría de haber actuado así. Tampoco puedo negar haber escrito este texto con lagrimas en los ojos.
Hace no mucho leí un texto sobre El Angel de la Navidad, hoy en día es muy difícil creer en todo esto, pero ¿quien sabe? Lo mismo estaba ahí y por eso yo me sentía especialmente sensible, aunque espero no endurecerme nunca, no os endurezcáis, solo nos hace estar mas solos.
¡¡ Feliz Navidad !!